POLVO

José Luis Cuevas. Ciudad de México, 1973.

“Dada la jerarquía de los órganos, el cáncer de pulmón parece menos vergonzoso que el de recto”.
Susan Sontag. La enfermedad y sus metáforas.

Breve fragmento de sus extensas imágenes, esta muestra es un acercamiento lateral y no cronológico a la obra de José Luis Cuevas que se nutre de una materia: el hombre y sus rastros en lo animado e inanimado.

Testigo de la construcción del todo a partir de la visión humana, Cuevas presenta una extensión de sí mismo a través de las imágenes que se esparcen como excentricidades en las distintas búsquedas de un mismo más allá.

El diccionario de la Real Academia Española refiere al /Polvo/ como la “parte más menuda y deshecha de la tierra muy seca, que con cualquier movimiento se levanta en el aire” y al “conjunto de partículas sólidas que flotan y se posan sobre los objetos”. /Polvo/ es también el “coito” o el “cosmético que se utiliza para el maquillaje”.

Cuevas compone una purificación de lo sórdido en sujetos y objetos de un universo siempre mayor, amenazado a convertirse en ceniza. Así, los fragmentos que captura custodian un mundo liberado de sus escorias, donde la trascendencia queda incierta.

Más que proponer un conjunto de unidades de armoniosa belleza, POLVO nos coloca frente a la fragmentación indispensable que se resiste a la representación. La visión extendida del —todo— según Cuevas, se elabora en el encuadre de las —partes—.

Las imágenes pasan de extremidades a maquinaciones que devienen en órganos o vestigios, cuestionandonos de qué estamos hechos, de modo que lo oculto adquiere una existencia autónoma y revela su particularidad inquietante.
Cierta monumentalidad en los volúmenes recuerda tanto a la iconografía religiosa como a la práctica forense, otras veces difusos pero comunicándonos con algo que trasciende una latitud liberatoria de la percepción.