VANITAS SPECTACLE

“I die so dies the world.”
Ray Bradbury                                                                                                                                                                                                             En todas las épocas y disciplinas del arte existe cierto vínculo entre belleza y muerte, siempre que una una signifique a la otra. Como en las Vanitas holandesas, en las que bellos objetos alrededor de una calavera, advertían que de nada sirve distraerse en las banalidades de la vida, ante la inminencia de la muerte.Arthur Danto refirió que lo bello se percibía como “el mundo que aplaza el cumplimiento de las metas más elevadas”; por lo tanto, su abuso en el arte obligó a hacer una pausa para su representación.

En nuestra época que aparenta ser lo que Guy Debord avizoraba desde 1967 como “el mundo realmente invertido [en] el que lo verdadero es un momento de lo falso”, la banal belleza parece esencial para soportar la promesa ambigua de una vida futura tras la muerte.Danto y Debord quizá coincidirían en que tanto la belleza como lo banal son conceptos relativos que solo existen en la percepción del espectador.
En la exhibición de primavera 2017 de Almanaque, Tania Franco-Klein y Dorine Potel ponen en escena experiencias que penden del imaginario de una suerte de Vanita viva en la memoria: editoriales de moda, anuncios publicitarios, cine de culto, ballet y sus adaptaciones.

Franco-Klein es al mismo tiempo el observador y lo observado, mientras que la utilería construida por Potel se presenta como un afortunado objet-trouvé. Y en ambos casos, los personajes extrañamente conocidos en algún déjà-vu actúan con artificiosa naturalidad. Un imaginario abundante en símbolos que parece haberse tejido con una belleza a la medida de cada espectador.

Ciudad de México. Mayo, 2017